UNAS NAVIDADES LEJOS DEL HOGAR
Hola amigos, después de algunas semanas sin escribir en el blog, vuelvo a la carga para explicaros mis ultimas aventuras en Manchester, una ciudad que te rodea poco a poco con sus brazos y te envuelve irremediablemente en sus apasionantes actividades.
A finales de diciembre acabé de trabajar en el chiringuito español de las paellas, en el que estuve dando el cayo 13 horas diarias sin descanso a lo largo de 4 interminables semanas. Visto con perspectiva me parece una locura haber aguantado el tirón de tan arduo trabajo, pero el dinero es el dinero y nadie me obligó a hacerlo. A pesar de todo, el día a día en Little Spain no se hacia demasiado pesado gracias a los excelentes compañeros con los que me tocó trabajar, siempre riendo, cantando y haciéndonos bromas mutuamente. Durante todo el mes convivimos como hermanos, con nuestros más y nuestros menos, y cuando acababa la jornada a veces incluso nos quedaban fuerzas para salir a tomar una(s) copa(s). Esther, Pablo, Carlos, Alfredo, Joan y Francis fueron las 6 puntas de la estrella que guió tan atribulado galeón al mejor puerto al que podía llegar y, como debe ser, el logro fue celebrado a lo grande y sin reparar en gastos: vino y langosta en el mejor restaurante chino de Manchester, gracias a la generosidad de Alfonso, nuestro excelentísimo superior al mando. Una noche completa, de la que no recuerdo la mitad.
Después de la clausura del mercado, dormí durante 3 días seguidos y me preparé para pasar las primeras navidades lejos de casa. Afuera hacia un tiempo horroroso, las nevadas de los últimos días habían dejado desoladas las calles de la ciudad y no se oían ya pasar coches por la carretera principal colindante a la puerta trasera de mi casa. Iban a ser mis primeras fiestas nevadas y podía palpar el espíritu de Santa Klaus en el ambiente, aunque esto también es cierto, me asustaba un poco la idea de vivir estos días tan especiales sin estar rodeado de todo cuanto lo había hecho durante los últimos 26 años de mi vida. Así que me lo tomé con calma y filosofía y empecé a moverme para no estar solo durante este tiempo.
Para nochebuena acepté la invitación de un amigo mío, que organizaba en su casa una fiesta tranquila y relajada con un grupo de gente a la que yo no había visto antes pero que luego pude corroborar que eran de lo más simpáticos. Para navidad organizamos un christmas dinner con mis compañeros de casa y, aprovechando que todos proveníamos de diferentes países, preparamos una cena multicultural (yo preparé migas castellanas y sangría). Toda la tarde transcurrió muy tranquila y agradable, comiendo, bebiendo y charlando de nuestras respectivas vidas, sin prisa y al calor de una radiante estufa eléctrica.
Y finalmente, por nochebuena, me trasladé a Preston, Lancashire, pueblo industrializado a 40 millas al norte de Manchester, para encontrarme con mi buen amigo Nayham, cenar, recibir al nuevo año y fundar las bases de lo que iba a ser nuestro nuevo proyecto musical acústico del que ya hablaré más detenidamente en otro post. Durante dos días seguidos nos abandonamos a la música, tocamos, fumamos, cantamos y pasamos largo rato escuchando a los clásicos. De ellos recibimos la inspiración y nos dejamos tocar por sus púas ardientes y por el espíritu intemporal del verdadero rock and roll, que como una sociedad secreta del medievo, se encargó de transmitir su secreto solo a los solitarios, a los impuros de corazón, a los locos, a los no queridos, a los inconformistas y los aspirantes a encontrar la verdad. A los que callan pese a tener oídos….
Un abrazo desde Manchester
Enero 28th, 2010 at 17:56
happy christmas!