QUIQUE GONZÁLEZ: POESÍA Y ROCK & ROLL

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Buenas noches, hoy pulso apasionadamente las teclas de mi ordenador para hablaros de otro de esos artistas de los que ya no abundan. Aunque lleva ya una larga trayectoria profesional en le panorama musical español, no me había percatado de su existencia hasta que lo descubrí abriendo uno de los conciertos del maestro Calamaro en España.

Su nombre es Quique González, nacido en Madrid en el 73, inexorablemente tocado por el efecto de los años en que la movida se encontraba en plena ebullición. Al finalizar sus estudios trabajó durante algunos veranos como animador cultural en un hotel de Mallorca, pero pronto acabaría emigrando a Londres, donde en sus calles empezó a darse cuenta, cómo Sabina lo había hecho ya algunos años antes, de que lo suyo era la música y la composición lírica. Cuando regresó a España buscó un profesor de guitarra y fue así como conoció a la persona que iba convertirse en productor y colaborador de casi todos sus discos y actuaciones en directo.

Carlos Raya, solista del grupo de rock duro Sangre Azul (1980) y guitarrista colaborador en la grabación de algunos de los álbumes de Antonio Vega, M-Clan y Fito & Fitipaldis, apostó por Quique desde un principio, viendo en él al nuevo valuarte y continuador de la tradición de los grandes cantautores de la musical popular en lengua castellana, cuyas vacas sagradas fueron todos aquellos artistas a los que Quique tanto admiró. Esa raza en peligro de extinción cuyas canciones habían sido hechas con la mano en el corazón, a caballo de letras comprometidas y con un trasfondo poético, entrado sin avisar en la trastienda emocional, cultural y política de toda una generación. Hay que ponerse en pie porque hablamos de Sabina, Urquijo, Serrat, Serrano, Aute y Silvio Rodríguez entre otros, esos locos que empezaron a contarnos las cosas que nos sucedían de una forma diferente y que emocionaron e inspiraron a una nueva hornada de músicos que, a pesar de nadar a contracorriente, todavía hoy siguen al pie del cañón haciéndonos sentir vivos.

Raya acertó de pleno y dio a luz, bajo el sello de la multinacional discográfica Polygram, los tres brutales primeros álbumes del cantautor. En Personal (1998) se deja notar el alma roquera del artista y se perciben claramente influencias de la música popular americana, del primer rock ana roll y del viejo blues del delta, todo mezclado con toques de Neil Young, los Crosby, Stills and Nash y también de Dylan, sin faltar referencias estilísticas patrias alusivas a Sabina, Vega, Bunbury, Los Secretos y Los Rodríguez.

El siguiente álbum, en un formato mucho más acústico, lleva por título Salitre 48 (2001), nombre de la calle y numero de piso de una pequeña buardilla en el barrio madrileño de Lavapiés, en la que Quique vivió una larga temporada y donde compuso las que iban a convertirse en sus canciones más laureadas. En este álbum se encuentran canciones tan sublimes como Salitre o La Ciudad del Viento (en el post).

Su tercer trabajo de estudio se llama Pájaros Mojados (2002) y sigue la misma línea de calidad de los dos anteriores. En este caso se empieza a notar la madurez de Quique como letrista y una más elaborada producción, introduciendo en muchos de los temas una sección de vientos.

Tras pelearse con su compañía de discos, el compositor decide iniciar una larga gira de conciertos acústicos en la que viaja a la manera de los antiguos trovadores. Con su guitarra, su armónica y un pequeño teclado, se recorre toda la geografía ibérica actuando por salas de pequeño aforo consiguiendo una gran afluencia de público. Al finalizar el tour decide fundar su propio sello discográfico Varsovia!!! Records (2003), para producir el maravilloso y acústico Kamikazes Enamorados (2003), para mí su mejor trabajo. En él, recogiendo el espíritu de la gira, profundiza en el sonido de raíz. Con el corazón en la mano compone, sin parafernalias eléctricas, buscando la intimidad y la calidez de las guitarras acústicas y del piano, muchas de sus mejores canciones. ¡Espectacular!, creedme. En este disco también cuenta con la colaboración de Pancho Varona como segunda voz, fiel escudero del maestro Sabina desde los años 80.

Tras un periodo de descanso, Quique no tiene suficiente y en su mente empieza a fraguarse la idea de darle un toque más primigenio a sus siguientes trabajos. Fiel a sus ideas manda el material que va a ser la esencia de su nuevo disco a Nashville, epicentro histórico de la antigua música americana, para que lo mezcle ni más ni menos que Richard Dodd, afamado productor que trabajó con artistas de la altura de Tom Petty, Johnny Cash y George Harrison. De este trabajo sale el maduro álbum La Noche Americana (2005), otra maravillosa perla del madrileño. Canela en rama.

Tras grabar un extraordinario álbum en directo (Ajuste de Cuentas, 2006), editar un nuevo trabajo de estudio (Avería y Redención, 2007) y poner fin a una larga relación sentimental, nuestro héroe romántico coge su guitarra y su armónica y viaja directamente allí donde había mandado sus canciones dos años antes, Nashville, donde preparará y grabará su último trabajo. El disco que salió de toda esta aventura se llama Daiquiri Blues (2009) y justo acabo de hacerme con él, por lo tanto no puedo todavía explicaros el qué, pero la verdad es que tiene toda la pinta de que podría ser uno de los más grandes colofones de la imparable carrera de este humilde chico madrileño de clase media que empezó como tantos otros que se quedaron por el camino. Entre el equipo titular de este nuevo trabajo, dirigido por el prestigioso productor Brad Jones, se encuentran leyendas de la talla de Brian Owings o Al Perkins, artista este último que llegó a tocar con Dylan y los Stones, casi nada.

Pues eso, que no tengo más palabras elogiosas para seguir hablando de Quique González, solo deciros que la primera vez que le escuche sentí un pinchazo dentro mío y cada vez que pongo sus canciones en la gramola de mi pc me sigue recorriendo la espalda ese escalofrió inevitable. En mi opinión, y no soy el único que lo piensa, Quique es uno de los pocos sucesores que quedan de la tradición musical popular de nuestro país, del rock and roll olvidado y de la canción con alma. Digno heredero de Sabina, de Silvio Rodríguez, de Serrat o de su queridísimo y admiradísimo amigo Enrique Urquijo, con el que colaboró en más de una ocasión y para quién escribió la emotiva canción Aunque tu no lo Sepas (Enrique Urquijo y los Problemas, 1998), inspirado en un poema del poeta español Luís García Montero, una de la más importantes referencias literarias del joven cantautor.

Sin grandes escenarios y sin grandes medios económicos, Quique ha sabido sacar lo mejor de si, escarbar al máximo en sus emociones y en sus problemas, contárnoslos con un profundo y bello lenguaje permitiendo aliviar así un poco el sufrimiento de nustra atormentada alma. A la manera de Bukowski y algunos de los otros grandes poetas a los que él tanto admira, escudriñando el pasado y agarrando las raíces del alma negra con su corazón blanco, se ha convertido en un artista de culto, apto solo para personas que quiere saber un poco más sobre la vida, sobre su vida y lo invisible que la envuelve.

Directo al corazón, Quique González.

2 comentarios to “QUIQUE GONZÁLEZ: POESÍA Y ROCK & ROLL”

  1. Dani Peces Says:

    está muy currada la canción, me gustan mucho lo detallitos que le ponen de fondo con ese aire “sultanero” de DS ;-)

  2. admin Says:

    gracias curiosa, se agradece tu comment!

    un abrazo

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