DIARIO PERSONAL DEL MASTER Durante estos días me han venido a la cabeza innumerables ideas de qué explicar en esta especie de análisis de lo que ha significado para mí el primer año del Master en Psicología Analítica que estoy cursando en Barcelona bajo la tutela del ICGJ, y ahora que me encuentro sentado delante del ordenador y dispuesto a escribir, no se me ocurre cómo empezar. Lo cierto es que me siento afortunado por tener la oportunidad de estar donde estoy. Recuerdo que Ricardo Carretero, con un comentario en una de sus sesiones, me abrió los ojos a la necesidad de darnos cuenta de lo afortunados que éramos por poder estar asistiendo a este tipo de clases y tener acceso, de una manera pausada y ordenada, a su privilegiado contenido. Esta reflexión hizo que un agradable sentimiento se apoderara de mí por un instante, me sentía especial por estar al lado de personas sabias e inteligentes que han dedicado toda una vida al estudio de estos temas tan fundamentales para cada uno de nosotros en particular y para la sociedad en general. Al estudiar de una forma racional los insondables contenidos del alma, tenemos la oportunidad de acercarnos, de forma conmovedora, a la comprensión real de la experiencia vital y a la esencia del sufrimiento humano. El interesarnos tanto por estos aspectos sumamente trascendentes, el tocarlos de tan de cerca, el analizarlos y estar en contacto con ellos continuamente, nos coloca en una situación privilegiada para enfrentarnos al mundo e intentar ayudar, de forma consciente, a las personas que viven a nuestro alrededor. Quizás éstas no han tenido las mismas oportunidades que nosotros de adentrarse en esta búsqueda intelectual y vivencial que tiene como uno de sus objetivos primordiales comprender, en la medida en que a uno le sea posible, los velados mecanismos que actúan más allá de lo visible en la conformación de lo que las personas y el mundo son. Pero a la vez Pere, en una de sus sesiones iniciales, nos bajó un poco de las nubes y nos hizo entender que este tremendo privilegio debe ser llevado con humildad y con cierta precaución, ya que, aunque probablemente tengamos la oportunidad de llegar a niveles más profundos de comprensión de las cosas que nos ocurren y que ocurren alrededor nuestro, en realidad no estamos, ni mucho menos, por encima de nadie. Al contrario, debemos ser conscientes de que nunca podremos llegar al esclarecimiento total de las cosas que pasan en el mundo y que quedarse solo para nosotros mismos con los descubrimientos y conocimientos que podemos extraer a la luz de nuestro peculiar estudio, nos puede llevar a un pozo sin fondo. Tenemos que tener claro que este tipo de conocimiento no tiene sentido sino se le confiere un objetivo externo, un punto de destino que incluye al Otro y que lo sitúa por encima de uno mismo. Si reflexionamos sobre la conexión entre desarrollo o evolución personal y el vínculo permanente con el mundo externo encontraremos, probablemente, el porqué de la aparición de está sabiduría milenaria, de este ciclópeo corpus hermenéutico, que a través de las clases del master, poco a poco, voy descubriendo e interiorizando. Quedan muy lejos ya de aquí los días de mi carrera. Es curioso darse cuenta de la velocidad a la que pasa el tiempo, parece como si fuera ayer el día en que acababa bachillerato y me iniciaba en el mundo universitario pero, si me paro un momento y hecho cálculos, veo sorprendido que ya han pasado ¡más de siete años!. Me aterra darme cuenta de la velocidad en que el tiempo avanza, en un abrir y cerrar de ojos me he convertido en una persona aparentemente adulta depositario de las consecuentes responsabilidades que conlleva tal posición evolutiva. Cuando me encontraba inmerso en mis estudios me preguntaba constantemente el porqué había elegido aquella carrera y no otra. No hallando una explicación contundente a tal cuestión iba abriéndome camino por los consecutivos cursos e intentando aprehender, pasito a pasito, todo el conocimiento que me brindaba la disciplina. Muchas de las materias que se impartían por aquel entonces no me interesaban lo más mínimo y me producían una falta de motivación brutal. La terquedad de determinados profesores por defender a pies juntillas los postulados de la corriente de pensamiento imperante y la falta de interés por los temas filosófico-espirituales me indignaba y me privaba de consolidar en mi mente de una base consistente y verdadera de los fundamentos de la Psicología. El ambiente académico del momento, influido todavía por el baño de poder gremial que significó la lucha por la institucionalización de la Psicología como ciencia en el ultimo tercio del siglo XIX y más allá, rechazaba y apartaba sistemáticamente del temario todo lo que en un principio no sonara a metodología y demostración experimental. En todo el maremagnum de clases teóricas y prácticas se tocaban muchos temas distintos enfocados muchas veces desde perspectivas contrarias; los radicalismos patentes entre lo social-cultural y lo conductual-biológico me producían un cierto desconcierto y me transmitía una idea desestructurada de la psicología en general. Yo no entendía como una ciencia que en primera instancia se supone que tiene el objetivo empírico de ayudar a las personas a comprender su naturaleza psíquica y a integrar su funcionamiento vital, lo que parecía que estuviera haciendo era romper, disgregar y sumir en la más profunda ambigüedad su propio paradigma. Nunca se nos enseñó nada de Psicología Analítica. Nada salvo un pequeño comentario realizado en una clase de Historia de la Psicología en la que, por casualidad, me encontraba prestando atención. Nos presentaron, utilizando para ello no mucho más de cinco minutos, la biografía de un tipo llamado Carl Gustav Jung, personaje del cual nunca antes había oído hablar y por el cual me interesé de inmediato después de oír su resumida historia vital. Jung me atrapó de forma penetrante, sus ideas aportaban un soplo de aire fresco a todo aquel montón de informaciones descompuestas que hasta entonces había recibido. Sus investigaciones interdisciplinares y el planteamiento de una psique universal que a todos nos pertenece y a partir de la cual todo se mueve me parecieron excepcionales. Las aportaciones psiquiátricas de Jung parecía que superaban sobradamente el corpus psicoanalítico de Freud ya que, a diferencia de este, planteaba una concepción holística y transpersonal del hombre, lejana a la explicación unilateralizada del instinto sexual como motor de la existencia humana. Y a mí todo esto me impactó, me empecé a interesar por su historia y por sus descubrimientos y empecé a leer algunos libros suyos con tremenda fruición. Poco a poco y con la dificultad que me planteaba la lectura de sus complejos libros fui captando alguna de las ideas principales de su paradigma. Fascinado por la profundidad de su personalidad y por la erudición que mostraba en todo lo que escribía fui interesándome cada vez más por su vida y su obra y comencé a moverme con el objetivo de ampliar mis estudios sobre Psicología Analítica. En la universidad no había ninguna asignatura, ni teórica ni práctica, ni troncal ni optativa, en que se mencionara tan siquiera a Jung, por lo cual acabé la carrera sin tener la oportunidad de profundizar sobre estos temas. Una vez fuera de la universidad, me independicé y empecé a trabajar en diferentes sitios que nada, o casi nada, tenían que ver con lo que había estudiado. Sin prisas y con la indeterminación que me producía plantarme qué quería hacer a partir de entonces con mi vida fue pasando el tiempo y yo me iba sumergiendo más y más en la lucha de mi renovada autonomía, atendiendo a mis nuevas responsabilidades e interiorizando monótonas rutinas. Fue al cabo de un año de acabar la carrera cuando apareció la oportunidad de empezar el master. A través de una comunicación vía correo electrónico con Pablo, un antiguo compañero de la universidad, descubrí que en Barcelona se daba la posibilidad de realizar unos estudios sobre aquellos temas que tanto me habían llamado la atención. Mi amigo me recomendó vivamente tanto el contenido que se impartía en el curso como los profesores encargados de llevarlo a cabo. Me contó que él había realizado el primer curso de estudios y que había quedado encantado con toda la organización, el temario y el profesorado pese a algunos problemas administrativos y de cambio de sede que habían tenido lugar ese mismo año. Y fue él el que me acabó de convencer de mi ingreso en las clases. Después de buscar desesperadamente alguna beca que me ayudará a afrontar el elevado coste que suponía tener la oportunidad de realizar tales estudios y no encontrarla me pasó por la cabeza dejarlo correr, ya que no disponía de suficiente dinero como para afrontar los dos años que duraba el programa. Gracias a la ayuda de mi padre, que hizo un esfuerzo económico para que yo pudiera cumplir con el nuevo reto que me había impuesto, pude finalmente llegar a tiempo, pagar las tasas, presentarme en la que sería la primera sesión del año y sentarme en la parte más externa de aquel herético círculo de mesas que se acababa de formar en el aula y que se disponía alrededor de una figura central enigmática. Un personaje ataviado con una corta barba blanca y una boina que escondía sus canosos cabellos, con aspecto de anciano sabio pero con una actitud y una mirada que me recordaba a la de un niño de cinco años con unas ganas tremendas de vivir. En efecto, era Pere Segura, coordinador y profesor del master y con el que Pablo me había puesto en contacto meses atrás para arreglar mi ingreso en el estudio serio de la Psicología Analítica. Luego hablaré de él. La primera sensación que tuve al entrar en la clase fue de extrañeza. Llevaba días preguntándome cómo serían mis nuevos compañeros y la primero qué observé al verles es que todos eran, o al menos eso me parecía, mayores que yo. Tengo que decir que en un principio me supuso cierta dificultad el acercarme a ellos. Todos me parecían superinteligentes, superpreparados y con una experiencia vital y profesional que superaba con creces la que yo podía haber atesorado en mis veinticuatro años de andadura existencial. Pero poco a poco tuve la oportunidad de conocerlos mejor y entonces descubrí que todos tenían las mismas inquietudes que yo, las mismas dudas, las mismas preguntas trascendentales y un tremendo interés por ampliar el conocimiento sobre uno mismo y sobre las personas que nos rodean. De Héctor me impresiona su tremenda sabiduría, aunque muchas veces parece que sea más callado y más tímido de lo que en realidad es, todo lo que dice en las clases denota una cultura bastísima y una forma sencilla y humilde de concebir las cosas. Siempre ha leído todos los libros raros que los profesores comentan, siempre la clava en sus exposiciones de trabajos y sus preguntas para el profesor siempre se me antojan cruciales. Detrás de esas gafas redondas y del humo de la pipa que siempre fuma se esconde un tremendo genio. Luís es el pater familias y el Flavio Josefo del Círculo Hermético. Su basta cultura y sus ganas tremendas de conocer y de leer todo lo que se le pone por delante me dejan profundamente anonadado. Es un médico que se ha equivocado de siglo. Con sus inteligentes y profundos comentarios y su forma impulsiva de registrarlo todo me recuerda a aquellos doctores de la época victoriana que viajaban por todo el globo terráqueo buscando respuestas a los enigmas científicos más trascendentales y eran recibidos como eminencias en todos partes. Nuestro ginecólogo particular es un erudito que, como pocos, tiene los huevos de empezar a estudiar de forma organizada y sin ningún tipo de complejo los trascendentales temas que plantea la Psicología Analítica, cuyo contenido en un principio no tiene mucho que ver con su disciplina profesional y que incluso a veces es negada categóricamente por sus colegas de profesión. Martí es la persona que noto más próxima a mí en edad y forma de pensar. Me impresiona mucho la manera en que afrontó su vida después de la universidad. En una ocasión me contó el inicio de su experiencia vital en el extranjero y me produjo una tremenda envidia ya que a mi también me hubiera gustado hacer algo parecido. Plantarse en un país que no conoces, en una ciudad donde no has estado nunca, donde se habla un idioma que no entiendes, sólo ante el peligro, me parece una forma de abrirse al mundo y a uno mismo muy práctica y valiente. La manera en que hay que echar mano de tus propios instintos para salir adelante te ofrece una nueva perspectiva de la vida. El sufrimiento, la dureza de la soledad y el ver como poco a poco vas saliendo del pozo inicial única y exclusivamente por tus propios medios te otorga una experiencia difícil de alcanzar por otros medios. Martí se hizo un hueco en una sociedad y una cultura que no era la suya e inició una andadura profesional que le llena mucho. Es un homo universalis. Es el turno de las chicas. Teresa me recuerda a mi madre. Admiro su fuerza de voluntad y la positividad maternal con que afronta cada día de su vida. Nunca tiene una mala cara, seguramente en casa tampoco, su briosa dignidad no le permite estar mal con nadie ni con nada. Todo lo abraza con tremenda pasión y lo expresa con una sensibilidad inaudita, difícil de comprender por un ser tan frío como lo soy yo. Al igual que Luís, ella es el alma mater del grupo, dueña de su hogar, detallista y coqueta, diosa del circulo mágico que conformamos y generadora de una vida trascendente que se transmutó hace ya algunos años en una hija con nombre de divinidad egipcia por la que siente un tremendo amor. Ella es la fuente de su energía vital y ella somos todos nosotros. Ruth me produce una extraña sensación. Aunque próxima en edad a mi es la persona a la que creo que conozco menos. Aunque me voy a arriesgar a describir, amb el teu permís, algunas de mis percepciones sobre ella. Creo que tras sus gafas, su liso cabello, su timidez y su manera minuciosa de hacer las cosas se esconde un alma de un carácter revolucionario. Una fuerza hermosa y tremenda a la vez que estoy seguro que emerge a la superficie a la mínima que se presenta la oportunidad y que arrastra todo su ser a la más profunda de las pasiones. Profesional, seguro que con unas notas del colegio y de la universidad ejemplares, siempre todo lo realiza correctamente. Siente un gigantesco deleite por todas las expresiones artísticas y humanas y cuando se activa su vena más creativa seguro que logra expresar simbólicamente sus anhelos y sus sueños de una forma maravillosa. Segura de si misma pero con las mismas dudas que nos unen a todos los integrantes del master, muestra siempre un carácter amable, tranquilo y recogido, pero estoy convencido que cuando se enfada o exige que se le respete de verdad la tempestad puede cernirse sobre el objeto culpable de tal situación, incluso cuando la causante es ella misma. Cuando Ruth dice no, es no, pero cuando dice sí se abre una puerta al mundo artístico, onírico y bello del que es profunda depositaria. Ella tiene un don y le envidio por ello. Patricia, me parece una personalidad explosiva. Muestra su belleza de una forma sutil pero sabe perfectamente, aunque a veces lo disimule, que la posee. Alegre, fresca (en el sentido de la brisa), pasional… su sensualidad es palpable con solo mirarla a los ojos. Es una chica interesante por dentro y por fuera y bien seguro que todos sus novios todavía la recuerdan (perdón por el atrevimiento). Me gusta mucho contar con su sonrisa y con la alegría por la vida que ella transmite, y saber que debajo de todo este carácter se encuentra una persona con un interés profundo por la comprensión del alma humana. Tremendamente interesada por todo lo que Jung nos cuenta, en especial por su cara más oculta y misteriosa, nos aporta siempre ideas esclarecedoras, conectadas estrechamente con un mundo que muchos de nosotros no alcanzamos a ver. Y por último Janet. No se porqué, y seguramente a ella no le suceda lo mismo, siento una conexión especial con ella. Pese a la diferencia de edad que nos separa, la encuentro muy atractiva en todos los sentidos. Ahora madre de familia sigo viendo en sus ojos la acidez de un pasado loco y de experiencias muy intensas y reveladoras. Con tan solo oír su voz se puede sentir la intensidad de su alma. En cada palabra, en cada mirada, en cada gesto de su ser, se percibe de forma palpable la verdad de lo que ella es. ¡Qué privilegio tener cerca de ti a una persona así! Janet es muy sabia porque reconoce sin tapujos las dificultades que tiene en su vida y se las toma con muy buen humor. Sabe que sabe, pero también sabe que lo que ella no sabe no lo sabe nadie. Tenemos mucho que aprender de ella, de su extensa experiencia vital, de su sentimiento y de su interés total por Otro. Me aventuro y digo que probablemente de pequeña fuese una chica un tanto especial, algo incomprendida por su familia, como a veces nos pasa a todos los niños raros, pero que ahora se siente una mujer total, comprende y acepta, aunque a veces le venzan los recuerdos, el aquí y el ahora y transmuta en una alegría total por la vida, como un alquimista, la tristeza que a veces le embarga. Me quedo con las primeras palabras que dijo cuando se presentó delante de todos en la primera sesión del master, no se si las recordáis, casi no dijo nada, pero dijo más que todos. Por la vida…
Acabando con esta descarada descripción de todos mis compañeros, y pidiendo perdón por mi desvergüenza sobre el papel, continuo con mi diario personal del master. En la medida que iban avanzando las sesiones iba tomando conciencia del acierto de mi elección. Aunque me había lanzado al master casi de una forma compulsiva y sin pensar detenidamente en el objetivo práctico que tenía para mí su realización, me sentía cómodo. Todo lo que en ese nuevo espacio surgía me parecía profundamente interesante y de un valor personal extraordinario. Estaba aprendiendo mucho y me dije a mi mismo que ya que estaba allí, ya que se habían dado las debidas circunstancias vitales azarosas que me habían conducido a este momento, debía a aprovecharlo. Dejar a un lado las dudas académicas y profesionales así como las resistencias mentales más superficiales y estar en las clases de forma tremendamente presente. Aunque abarcar de una forma ordenada y productiva todos los contenidos que se me iban presentando me resultaba a veces muy complicado, poco a poco trataba de aglutinar en mi mente los elementos más básicos de la temática de cada asignatura. Sabía que a lo largo del año me iba a enfrentar con un gran reto personal, intentar unificar en mi mente todo el basto conocimiento que la Psicología Analítica planteaba y para el cual no estaba ni mucho menos preparado. Cada fin de semana de master, cada sesión, cada asignatura, cada profesor, me lo tomaba como un momento de superación personal, como un nuevo peldaño de autoafirmación propia, donde debía estar con todos los sentidos abiertos, procurando sacar algo en claro de toda aquella información que a veces me superaba. Y no solo me ponía a prueba la personalidad de los profesores, su extraordinaria formación profesional y su experiencia vital, sino que eran mis propios compañeros, con su increíble capacidad intelectual y su basto conocimiento humano, los que me exigían indirectamente la realización a marchas forzadas de un trabajo personal y de dedicación al estudio de estos temas con el objetivo de llegar a su altura. En un principio parecía como si estuviera algo desencajado en esta situación, como si todo aquello me viniera algo grande. Mi indeterminación de objetivos profesionales y vitales y el impacto que me produjo la diferencia intelectual, cultural y cronológica que mantenía con los compañeros y profesores, mermaron un poco mi ánimo. Pero, como ya he dicho, me di cuenta de que una vez allí, debía dejarme de hostias, aceptar el privilegio que tenía y aprender todo lo posible. Debía crecer, madurar, porque de lo que hablábamos allí no eran tonterías de niño pequeño, era algo muy real, un conocimiento interdisciplinar y milenario que nos englobaba a todos y cada uno de nosotros. Lejos de la ambigüedad y la disgregación en la que me había sumido la realización de la carrera años atrás, ahora tenía la oportunidad de integrar todo aquél conocimiento y de sacar algunas conclusiones sobre mi vida, mi profesión y mi estar con el mundo. Aunque desde diferentes perspectivas se me volvía a hablar del hombre unitario, de los mecanismos que compartimos todos nosotros con el resto de la humanidad y de cómo esto es y ha sido siempre así. Me hablaban del alma y de la realidad trascendente del ser humano, de los mecanismos inconscientes que nos mueven y que nos determinan, de de la importancia de unir todos los conocimientos humanos y dirigirlos hacía la base de la explicación de la vida y de sus discontinuidades. Por fin, tenía la libertad de pensar por mí mismo, en mi mismo y en el Otro de una forma amplia y desinteresada. Empezar a entender la naturaleza del Hombre y adquirir la capacidad de transmitirla al Otro. Comprender la profundidad de lo que significa vivir en el mundo y con el mundo, intentando arrojar un poco de luz sobre éste y sobre las personas que le dan significado, acompañarlas en su devenir existencial intentando hacer que se den cuenta de que tanto ellos como nosotros tenemos los mismos problemas y que trabajando nuestro interior podemos superarlos. Todo esto y mucho más era lo que empezaba a aprender. A través de los trabajos, de las lecturas pero sobretodo de las clases presenciales impartidas por profesores de diversas disciplinas, iba iniciándome en las diferentes temáticas que conformaban el conocimiento analítico. Pere, en sus sesiones, nos dio una aproximación teórica de lo que es la Psicología Analítica. Gracias a su sabiduría y a su dilatada experiencia académica pude entender los motivos iniciales de la aparición de este paradigma y su posterior evolución. Lo que más me impresionó de sus clases fue la libertad conque trataba todos los temas que tocaba y que también nos transmitía a nosotros personalmente. Con sus continuas criticas de la “institucionalización” de la psicología analítica y de los dimes y diretes de sus más altos exponentes, nos puso los pies en el suelo y nos dejó bien claro que este tipo de conocimiento debe estar integrado en el mundo. Los comportamientos sectarios y prepotentes de algunos analistas, incluso de los que se encuentran en las altas esferas jerárquicas, nos vienen a decir que hay que tener cuidado con esta especie de corriente narcisista que envuelve a las personas que trabajan con este tipo de temas. Eso de salvémonos nosotros que el mundo no tiene remedió, no vale. Con los pies en el suelo y con una conciencia lúcida hay que estar en el aquí y ahora, con el mundo y sobretodo con las personas que tenemos alrededor. Magda Farré hizo que me reencontrara con algunas sensaciones que había perdido hace mucho tiempo. El mundo sensible que nos presentó a través de diferentes elementos simbólico-artísticos me impactó sobremanera ya que este universo, desde que inicié la adolescencia, lo había dejado completamente de lado. Recuerdo que cuando era niño dibujaba insistentemente e inventaba infinidad de juegos y de circunstancias imaginarias, llegando a quedar muchas veces completamente subyugado por tales creaciones. El mundo del arte más puro, en especial el universo de la pintura, es una de mis asignaturas pendientes. Pero gracias a Magda, que unió magistralmente la profundidad de los cuadros de Van Gogh con las reminiscencias de su historia personal, logré de algún modo renovar el interés por este aspecto tan importante de la existencia. A medida que iba sabiendo más sobre la vida de este pintor iba descubriendo en sus obras la evidente expresión de su mundo interior. Volví a comprender que a través del lenguaje simbólico el hombre puede y debe plasmar sus inquietudes, su frustración interna y su evolución en la vida. Volví a mirar con ojos renovados esos cuadros que hacía mucho tiempo no veía y su placida contemplación me abrió las puertas a un mundo de percepción diferente. Entendí que lo de fuera es reflejo de lo de dentro y que debía volver a interesarme por toda la parte sensible y creativa que seguro que todavía permanecía en mí, haciendo que brotase de nuevo de mis entrañas aquél lenguaje simbólico infantil. Mónica Pintanel nos dio una lección pragmática de Psicología Analítica. Dentro del basto universo junguiano también había aspectos que nos conectaban más directamente con la realidad física. Intentando construir un aparato de integración funcional de la psique humana, Jung propuso la categorización empírica de determinados temperamentos y Mónica nos lo transmitió de la forma más práctica y sencilla que pudo. A través de la aplicación de una herramienta tan fría como puede parecer un test, descubrimos la posibilidad de recopilar una extensa y útil información para afrontar, en primera instancia, la situación terapéutica. Además, después de la autoaplicación consciente de los cuestionarios de Singer-Loomis y Myer-Briggs pudimos abrir una puerta a la comprensión de algunos aspectos ocultos de nuestra propia personalidad. Gracias a este autoensayo pude reafirmar la sospecha de que mi sensibilidad hacia el Otro está preocupantemente mermada y que debería trabajar cuanto antes sobre ella. También descubrí que las contradicciones que existen dentro de nosotros son parte de la naturaleza intrínseca del hombre y que el trabajo interno de conciliación y expresión de tales disposiciones es la clave de la salud mental. A Mónica se le sumó la Dra. Eloí, que a través de la presentación de su tesis doctoral nos mostró la relación existente entre los Tipos Psicológicos y la hipertensión en personas de avanzada edad. A través de su exposición teórica y de unos juegos prácticos de sensibilidad y de confianza en el otro muy divertidos y reveladores, aprendimos que determinadas tendencias patológicas pueden ser influenciadas o moduladas por el tipo psicológico dominante, y que trabajando de forma práctica sobre las funciones personales menos desarrolladas de cada uno podemos incidir sobre la enfermedad en concreto. Amador Vega me dejó anonadado. Me hice pequeño cuando intenté comparar por un instante su tremenda sabiduría cultural con la mía. Un hombre con una memoria y una inteligencia fuera de lo normal revelaba en cada palabra que salía de su boca, en cada trazo de tiza que imprimía en la pizarra, su tremenda erudición. Datos históricos por aquí y por allá, mitología e historia oculta de los pueblos antiguos, simbología de las religiones y biografías de los místicos de nuestro tiempo. Todo esto se fundía en una explicación pausada y constante que me obligo a llenar mi libreta de infinitas citas y anotaciones. Amador resolvió algunas dudas históricas que tenía y me planteo nuevas preguntas sobre la realidad de las cosas. Como sucede en el polo norte, la cara más externa de la historia de la humanidad es solo la punta del iceberg de lo que se esconde bajo las aguas. Los procesos filosóficos y religiosos que subyacen a casi todos los grandes movimientos de la humanidad están completamente determinados por la esencia de tales circunstancias. Las diferentes religiones del mundo, las diferentes filosofías e ideologías, el concepto de Dios, los movimientos humanos, las tendencias sociales, los productos culturales, etc. son solo desnudas formas de representación consciente de una verdad única y universal que se muestra a través de velados símbolos trascendentes en cada época de nuestro devenir evolutivo. Llegó entonces Malka González. Al principio me pareció una mujer tranquila y sosegada pero a medida que fueron transcurriendo las sesiones con ella, se hizo patente la exacerbada pasión con la que vivía su vida. Traté compulsivamente de anotar y organizar la extensa información que salía de su boca sin cesar. Llené hojas y hojas de papel intentando no dejar escapar ninguna de las explicaciones con las que nos ilustraba simplemente por el inusual hecho de que toadas ellas me resultaban fundamentales, auténticas, únicas. Aunque sus clases me dejaron exhausto y sin tinta en el bolígrafo, me sentí privilegiado por tener la oportunidad de conocer a una persona tan interesante y comprender, aunque fuera de forma superficial, el significado profundo de algunos ritos colectivos universales. Todas sus descripciones de los mitos, todas sus explicaciones sobre el origen y esencia de las cosas y el sentido relato de alguna de sus experiencias vitales removían mi alma como si estuviera pasando por ella un poderoso huracán. Sus clarividentes explicaciones sobre el origen de la condición humana y de la urdimbre inconsciente y arquetípica que entreteje el mundo me sugirieron una perspectiva completamente nueva y profunda de la realidad. No podía creer que existieran vínculos tan estrechos entre mi vida y la del universo y que todas las cosas que nos suceden se generasen, se sostuvieran y se interconectaran sobre la base de una matriz esencial inconsciente surgida del más insondable de los misterios. A través de Malka descubrí que todo suceso, toda conducta, toda religión, todo hecho histórico y cultural tiene un porqué, un origen, una esencia que no es ni mucho menos fruto del azar. Y que la existencia del hombre y la aparición de disfunciones en su devenir vital, al igual que ocurre en la naturaleza, poseen una función y están dotados de un sentido que a veces, si afinamos nuestra mirada interior, se deja entrever por los arcaicos resquicios de ese gran lienzo simbólico que es la vida. Fabián González me resultó un profesor auténtico. Aceptaba las limitaciones que actualmente tienen todas las personas que aspiran ser como Jung. Con humor y desparpajo Fabián nos transmitió la idea de que en el mundo analítico la inflación del Yo está a la orden del día y que hay que quitarse de la cabeza la aspiración de alcanzar siquiera una mínima parte del conocimiento que atesoraban los pioneros del paradigma analítico. Aquellos hombres y mujeres eran especiales, emprendedores, eruditos, con una capacidad intelectual fuera de lo normal y tremendamente cultos. Hay que tener en cuenta que dedicaban toda la vida a estudiar aquellos temas tan de moda probablemente porque su posición social y económica privilegiada se lo permitió y porque en el ambiente de la época se dieron las condiciones propicias para la aparición revolucionaria de esta clase de descubrimientos. Ellos tenían un aparato poderoso entre manos y sabían que lo tenían, estaban moviendo las piezas de un gigantesco y trascendental puzzle universal y corrían riesgo de caer en la idea de saberse superiores al resto de los hombres por el mero hecho de tratar con él. La impregnación de un carácter heroico en el trabajo de todos estos estudiosos del alma es palpable en muchos casos y la inervación del complejo del superhombre, que se cernía de una forma sutil en algunos de ellos, causó terribles estragos y posibles exageraciones o adulteraciones de algunas de sus investigaciones. En este sentido Fabián nos advirtió de que los contenidos que toca la psicología analítica hay que tratarlos con cuidado y hay que llegar, tanto con el pacienta como con nosotros mismos, solo allí donde estemos capacitados. A veces te da más conocimiento humano ayudar a un amigo a hacer una mudanza que hacer una tesis doctoral sobre el complejo del Yo. Nos habló también de la importancia de los sueños, del carácter compensatorio de tales producciones psíquicas inconscientes y del valor de tenerlos siempre presentes en nuestra vida, así como de la ineludible responsabilidad de convivir con ellos. También nos explicó que, como las obras de teatro, los relatos oníricos siguen una estructura que hay que saber abarcar y comprender y que tanto en el afrontamiento del análisis personal como en el de los pacientes es importante tener una intensa formación teórica, cultural y experiencial para poder llegar hasta donde el sueño y la persona necesiten llegar. Con el sueño, como en la vida misma, hay que ser prácticos y no pasarse de listo. El paciente es el que debe marcar el límite. Lamentablemente me perdí la última sesión impartida por Victoria Cirlot, así que me limitaré a hacer alguna observación general sobre lo que me transmitió en las horas en la que puede presenciar sus clases. Directamente y sin tapujos, Victoria me pareció una persona tremendamente atractiva. La primera vez que la vi un halo de misterio la cubría de arriba a bajo, su forma de vestir, su penetrante y luminosa mirada, su tono de voz y los movimientos que realizaba en el aula mientras explicaba su temario, me dejaron como hechizado. Parecía una especie de maga o de diosa arcaica que se había confundido de tiempo y de lugar y que se había materializado sin quererlo delante de nosotros. Todo lo que explicaba estaba regido por una especie de tempo espiritual, todas sus palabras resonaban en la habitación como si algo importante fuera a suceder en cualquier momento. ¡Qué sensación más impactante! Elevados ligeramente a un nivel de conciencia diferente, estábamos todos anonadados mirando los profundos ojos azules de Victoria mientras ella proseguía con su exposición ajena a nuestro encantamiento. Aprendí con ella que me queda mucho trabajo por hacer. No conocía la mitad de personajes y de autores que iban apareciendo en su discurso y a veces lo que ella explicaba se me hacía algo difícil de entender. La experiencia mística y la relación con el pensamiento filosófico, el arte y la religiosidad, el origen y esencia del símbolo, fueron algunos temas que tocó de una forma magistral y que yo intentaba aprehender a marchas forzadas. Su espectacular conocimiento de estos temas y la cercanía y familiaridad que me producía su persona me facilitaron plantearle algunas dudas que tenía acerca del complejo concepto de símbolo y sus aclaraciones me resultaron esclarecedoras. Mundus imaginalis, alegoría y símbolo, ídolos, materialismo y realismo, experiencia mística, imagen y temor de Dios, mito, culto, tierra, cielo y discernimiento entre psicología y religión…temas, ideas, pasiones y vivencias existenciales que nos transmitió esta espectacular profesora de forma elegante, familiar y sentida. Porque todo esto lo lleva en la sangre. Ya he expresado mi opinión personal acerca de Ricardo Carretero en el trabajo final de su asignatura. Probablemente, y al decir esto no quiero hacer valoraciones técnicas y categóricas del profesorado, fue él el que me dejó más conmovido a lo largo del año lectivo. Su preparación académica, su convencimiento en todo lo que nos explicaba, su basta cultura y su inteligencia práctica produjeron en mí la necesidad de volcar en él un fraternal voto de confianza. La experiencia personal y la intensidad vital que denotaban sus palabras me hacían sentir tremendamente cómodo en el binomio profesor-alumno. Aunque él no lo percibiera, estaba conectado de una forma sobrenatural a las explicaciones que daba sobre un tema del que apenas había oído hablar. Los fundamentos de la TGC y la puesta en escena de Ricardo se me antojaron trascendentales. La idea de que todos compartimos la misma naturaleza y que la única disposición que tenemos, descartando la “mariconada” de la toxina, es la de los complejos generó en mí una nueva perspectiva de la psicología junguiana. La vertiente más científica y psiquiatrita del análisis se me mostraba como algo novedoso y refrescante, enormemente práctico y con una base de conocimientos tremendamente consistente. Insignes y preparadísimos psiquiatras habían hecho un gran esfuerzo intelectual para concebir un aparato teórico práctico que, englobando conocimiento interdisciplinares, diera explicación a los procesos dinámicos de la psique humana y que pudiera incidir sobre ellos de una forma determinante. La crucial importancia de la afectividad en la innervación de los contenidos inconscientes y el gran poder que estos poseen de mover todo el funcionamiento psíquico de una persona, me pusieron en la pista de la búsqueda interior de mis propias dificultades y contradicciones vitales con el fin de hallar, a la luz de la TGC, la clave consciente que me permitiera acercarme un poquito mejor a alguno de mis complejos. Vividor, conquistador, seguro de si mismo, tremendamente inteligente y con un sentido del humor espectacular, Ricardo me dejó un agradable sabor de boca y me hizo pensar en muchísimas cosas acerca de la importancia de lo emocional en los seres humanos, así como en el sentido simbólico de algunas de sus representaciones artísticas. Esto es, las producciones simbólicas de determinados autores como metáforas depositarias de un profundo conocimiento humano, no accesible a todo el mundo y que da sentido y transcribe vívidamente la naturaleza complejual de cada uno de nosotros. Y ya por último le toca el turno a Raimón Arola. La primera impresión que tuve al verle fue de que podría se mi tío. Hombre de a pie, muy cercano a nosotros y con una vitalidad y una alegría de vivir muy intensas, con tan solo mirarle a los ojos se podía intuir que era una excelente persona. Tímido, bonachón y verbilocuaz, salían de su boca por minuto miles de palabras e ideas interesantes. Así como Malka González, Raimón me hizo llenar hojas y hojas blancas de papel tratando de captar el complejo sentido de los procesos mágicos que usaban aquellos personajes de la edad media medio magos medio científicos en el intento de encontrar la piedra filosofal. ¡Qué historia tan interesante la de la Alquimia! Simbolismo, arte, religión, química, mística, conocimiento interior y búsqueda de sentido vital; Dios y el demonio, luz y oscuridad, cielo e infierno….todos estos elementos se amalgamaban en la oscura rebotica de aquellos heréticos transformadores de la realidad, muchas veces desvirtuados y maltratados por quien no entiende el profundo trasfondo alegórico de sus obras. A través de las explicaciones de Raimón entendimos que la Alquimia es algo más que el proceso físico de convertir los materiales pesados en oro y que muchas de las informaciones que circulan en la actualidad sobre estos temas, carentes de una base sólida, adulteran tremendamente el significado real del fenómeno. Gracias a este inteligente, estudioso y alegre profesor me di cuenta que me queda mucho por aprender en lo referente a conocimiento artístico y que mi mente debe abrirse al escrutinio simbólico de la vida. Con la ayuda de la guía marcada por aquellos hombres debo intentar cambiar, en la medida que me sea posible, el punto de vista con que veo normalmente las cosas e intentar llegar a la sensible esencia de todo lo que observo en mí y en los otros. Porque existe una experiencia oculta de todas las cosas, un mundo velado que está deseoso de darnos alguna pista acerca de la necesidad de una búsqueda del sentido trascendente de la vida. Y hay que hacer el esfuerzo de caminar por este peligroso sendero, así veremos que no solo en las cosas placenteras, en las buenas noticias, en las posiciones sociales elevadas, en los buenos coches o en los restaurantes caros existe la felicidad. También las contradicciones personales, las dificultades laborales, la pobreza, la enfermedad, las rupturas relacionales o los fracasos vitales están llenos de sentido. Como nos muestra el símbolo del ying y el yang o el ouroboros, en la esencia del universo nada está disgregado, toda ruptura, toda decepción, todo final, es una semilla plantada generadora del inicio de algo nuevo. Sin tristeza no hay felicidad, sin dificultades no hay superación, sin mal no hay bien, sin muerte no hay vida. Hay que hacer caso al conocimiento milenario de la Alquimia, porque nos muestra de forma sutil el origen y el final de las cosas, la esencia del hombre en construcción de su propio camino existencial hacia el más absoluto de los misterios. En fin pilarín, en términos generales esto ha sido lo que ha significado para mí el primer año del master. Espero que os diga algo su lectura ya que lo he hecho de corazón y sin querer herir a nadie con mis, a veces, atrevidos comentarios. Ha tenido una gran utilidad para mi escribir este resumen del curso ya que me he ido dando cuenta a medida que lo iba escribiendo de que he aprendido muchas más cosas de las que pensaba, aunque como ya sabéis sigo en un periodo inicial del estudio de esta interesante temática. Gracias a mis compañeros por aguantarme y a los profesores por hacer el esfuerzo de transmitirnos de forma tan apasionada y tan de corazón su experiencia vital y profesional. Esperemos estar a la altura del siguiente curso. Hasta entonces, Enric Segura Núñez Valldoreix, a 14 de Octubre de 2007
CAPÍTULO I
|
|---|